
Recientemente se ha discutido que tan conveniente pueden ser las redes sociales en internet, como My Space, para niños menores de edad y la verdad sea dicha no son muy convenientes. Hace algunos días mi hijo, de 7 años de edad, me pidió que le ayudara a entrar a la página web Club Penguin pues quería jugar con algunos de sus amiguitos. Con escepticismo seguí sus instrucciones, pues no tenía idea de lo que quería. Pensé que inicialmente podría tratarse de esos sitios donde cada vez que el quisiera interactuar con otros, tendría que sentarme a monitorear el tipo de contenido para evitar que algo inapropiado, o alguien, pudiese llegar a "sus manos" cuando apenas está leyendo medio de corrido. Para mi sorpresa, y tranquilidad, Club Penguin requiere que los padres den su dirección de correo electrónico para activar la cuenta, indicaciones que seguimos escogiendo el nombre para identificar un pinguino, de cualquier color, y la contraseña respectiva. Me pareció importante la característica que ofrece la sala de chat pues los niños sólo pueden utilizar palabras previamente habilitadas por el sistema. Los diferentes juegos les permiten acumular fichas que después pueden redimir en premios, cuando el servicio es pago, y coleccionar unas mascotas chiquitas y redondas llamadas pufless. Por lo que he visto, le ha gustado el juego por las posibilidades de interacción y por que cuando cumple tareas y acumula puntos le dan medallas y cartas de felicitación. Club Penguin resultó, pues, ser algo muy diferente a lo que me imaginaba en un principio.